Viviendo Martamente

Y tú, ¿en qué miedo descubriste que eras valiente?

Esta vez no tengo ni idea de quién es el autor o autora de esta frase, pero ME ENCANTA y, además, viene muy al hilo de lo que comentábamos en el post anterior y que te recomiendo bichear un poquitín antes de seguir leyendo (más que por no entender a qué viene, es para que no pienses que estoy más loca de la cuenta… 😉 )

Si lo has leído (¡gracias!), creo que de ese post ya se puede intuir que, aunque sé que no es lo más políticamente correcto, no soy especialmente amante de los momentos de cambio. La incertidumbre me pone nerviosa, no lo puedo evitar.

¡Pero ojo! Aunque, como digo, no suena políticamente correcto, soy una fiel defensora de que no es malo que te guste tener cierta estabilidad. Es más, pienso que a casi todo el mundo le gusta tener cierta parcela de su vida bajo control.

La peligrosa Zona de Confort.

¡Y tan peligrosa! Una cosa es querer tener controlada una parcela de tu vida, por seguridad (triste y habitualmente, económica), y otra muy diferente es vivir apoltronados en esa zona de confort que, si bien no nos convence del todo, tampoco nos da demasiados problemas.

Fuente: Pixabay.com

Pero es que el matiz es importante: “no nos convence del todo”. Sabemos que podemos dar más de nosotros o, peor aún, sabemos que queremos dar otra cosa.

Ese matiz me ha activado muchísimos pensamientos incómodos, como si mi lavadora cabeza estuviera desafiándome a un duelo constante:

  • ¿A qué esperas?
  • ¿Por qué no te atreves?
  • 31 años… ¡CÉNTRATEEEE! (Este es muy recurrente…)

No negaré que la mayoría de las veces he intentado apagarla y punto. Olvidarlo y asumir que no. Que tal y como estoy, estoy bien y que, al igual que podría estar mejor, también podría estar peor…

Y, claro, entonces, ¿por qué o para qué cambiar? ¡Modo Bucle ON! ¡La maldita Zona de Confort, que increíblemente cobardes nos hace!

¿En serio siempre tenemos tanto que perder? ¿En serio siempre hay tanto riesgo? ¿En serio es como para pensar taaaaanto tooooodo sieeeeempre?

Cuando los cambios dependen de nosotros…

Lo chulitos que somos cuando no nos queda otra que aceptar los cambios impuestos y lo pequeñitos que nos hacemos cuando los provocamos nosotros…

¡Ay amigo, es que ahí ya sí que cambia la cosa!

Ya os adelantaba en el post anterior que hay una palabra perfecta para definir mi caso: ACOJONE. Hala, así es mucho más fácil todo, para mí, explicártelo y, para ti, entenderme.

Y es que, cuando los cambios nacen de nosotros mismos, de nuestras inquietudes, de nuestras ganas, de nuestras motivaciones, de nuestro “yo” más profundo, diría que dejan de ser cambios para convertirse en auténticas apuestas personales.

Y, definitivamente sí: ¡eso sí que acojona da susto!

Tal y como aparece la posibilidad de cambiar, la ya famosa centrifugadora se pone en marcha:

  • ¿Me estaré equivocando?
  • ¿Es el momento?
  • ¿Me arrepentiré?
  • ¿Y si sale mal?
  • 31 años… ¡CÉNTRATEEEE! (os lo avisé…)

Sin embargo, aunque es cierto que dan muchísimo más miedo (al menos a mi), la manera de afrontar este tipo de cambios es completamente distinta.

La actitud es mucho más optimista, enérgica, activa y, sobre todo, MUCHO MÁS ILUSIONANTE.

Parece absurdo que algo con lo que, al menos a priori, se corre mucho más riesgo, sea mucho más estimulante que cualquier otro tipo de cambio que nos venga dado… ¿Es motivación? ¿Es morbo? ¿Es masoquismo?

No sé, pero lo que está claro es que dejan de ser cambios para ser apuestas personales, retos o, en muchas ocasiones, SUEÑOS.

¿Y quién no está dispuesto a luchar por sus sueños?

Fuente: Pixabay.com

Change Chance

Vamos, «Cambio Oportunidad» (esta modita de poner todo en inglés, ¿verdad? Lo siento, ¡pero es que para algo me tendrá que servir la pasta que me estoy dejando en las clases! 😛 ).

Puede llegar un día en el que esos pensamientos que nos grita nuestra centrifugadora, coincidan con otras circunstancias que están fuera de nuestro control y que, sin darnos cuenta, ese choque haga que nuestra Zona de Confort se empiece a tambalear y que, a lo mejor, merezca la pena… cambiar.

Uy, uy… Ya se empieza a visualizar otro cambio de esos que no nos gustan, de los que no nos vienen dados, de los que provocamos solitos, de esos que vienen cargaditos de responsabilidad… ¿O no? Espera, espera… ¿No será una oportunidad?

Ahora parece que los pensamientos suenan aún más fuertes que antes, pero es que, además, la Zona de Confort cada vez está más debilucha…

Aprovecha Marta, porque se acaban de alinear los planetas para que, por fin, ¡te atrevas!

¿A qué? … ¡Lo tenemos pendiente para otro ratito!

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