Viviendo Martamente

Me ganan las ganas.

Llevo unos días dándole vueltas a escribir sobre el gran Trending Topic del momento: la #VueltaSeguraAlCole. Pero claro, qué necesidad tengo yo de ponerme de mala leche en este momento, ¿no?

Verdaderamente, es un tema que me inquieta. No sólo por la ineptitud y la desidia que han demostrado los que mandan, que por supuesto. Ni porque cada vez me preocupe más que el virus y los contagios se estén volviendo a descontrolar, que también. Sino porque, al igual que todo hijo de vecino ha tenido su pequeña gran parcela de preocupación en estos meses (ERTEs, retraso en el cobro de los salarios, pérdida de clientes, negocios cerrando…), ahora es cuando estoy sintiendo más cerca la que me toca.

Y es que este 2020 está siendo un año de primeras veces: mi primera pandemia y mi primera incursión en el mundo educativo.

El que me haya leído sabe que me ha costado años atreverme a hacer este giro profesional… Pues ya es mala suerte que justo haya escogido el año en el que el mundo, en general, y la docencia, en particular, se han convertido en toda una incógnita.

Si ya de por sí es complicado buscar cualquier tipo de trabajo, en el mundo docente la cosa se estrecha aún más (¡y en Cádiz mejor ni hablamos!). Si encima a eso le sumamos una pandemia con una gestión “de última hora”, pues apaga y vámonos.

Tiempo ha habido, eso está claro. Si los propios centros escolares han tenido la cautela, por no decir la lógica, de planificar el próximo curso en función de los distintos escenarios que pueden darse… ¿Por qué se ha esperado hasta la última semana de agosto para dar pautas desde arriba?

Son muchos flecos sueltos, que no sólo se reducen a los alumnos y los docentes, sino que también afectan a los padres y a sus correspondientes trabajos. Trabajo, conciliación, educación, socialización, docencia…

Presente y futuro unidos, como para dejarlo todo para el último momento.

¡Ojo! Soy de la opinión de que esto no lo sabría gestionar al 100% absolutamente nadie, ni de un color, ni de otro. Pero eso sí, la desidia y la altivez son palpables. Y creo que eso es precisamente lo que nos indigna a la mayoría.

Bueno, suficiente, ya he cubierto mi cupo de indignación por hoy.

El caso es que, hablando con unos y con otros, refresquito en mano, la opinión es generalizada: los niños (y no tan niños) necesitan ir al cole. Madres, padres, profes, maestros, alumnos… La mayoría pensamos lo mismo.

Pero lo realmente interesante no es esa conclusión, si no el motivo de la misma. Los niños tienen que ir al cole no sólo por aprender contenidos, sino por todo lo demás.

Precisamente en estos días que ando haciendo cursos de teleformación (mujer precavida…), en ninguno de ellos veo la posibilidad de prestarse una calculadora, de hacer y deshacer amigos, de pelearse y solucionar problemas, de entenderse con una mirada, de gestionar la frustración, de guardar respeto, de comportarse en público…

Se habla mucho de la importancia de la socialización para los más pequeñines, que es indiscutible. Sin embargo, bajo mi punto de vista, en Secundaria y Bachillerato este tipo de aprendizaje social y en valores es más que fundamental.

Mal que me pese (que diría #MiPersonaFavorita), mi periodo de prácticas fue corto, pero intenso, ya que no sólo me propuse empaparme de la docencia, sino también del comportamiento y la forma de ser de los alumnos. Y, precisamente por eso, me reitero en lo dicho: la socialización es fundamental.

¿Motivos? ¡Todos! Piensa en tu adolescencia o en la de cualquier amigo y sacarás unos cuantos… No obstante, hay uno que me gustaría resaltar, por lo curioso o especial, y precisamente ayer lo encontré muy bien explicado en un hilo de Twitter:

Pues sí, a veces, el instituto es el único lugar donde un adulto les dice «no». Es la pura realidad.

Todos estamos de acuerdo en que hay cierta clase de valores que deberían venir aprendidos de casa y que los profesores no tendrían por qué ocuparse de ellos… Sin embargo, pocos son los docentes que conozco que no se implican con sus alumnos y van más allá de las lecciones de turno. Supongo que de eso va la famosa vocación docente.

¡Qué bonita vocación!
¡Y qué ganas!
¡Y qué miedo!

Porque sí, es vocacional, es bonito, es motivador… ¡Pero también asusta un poquito! Sin embargo, con todo y con eso, me ganan las ganas. Buscar trabajo en estas circunstancias es tan difícil, como frustrante, pero sé que merecerá la pena.

¡Que no! Que no quiero volver a sentarme en un despacho rodeada de papeles que no me aportan nada. Pero es que no, ni siquiera necesito ser la profe de Economía. Que lo que yo quiero es estar dentro de un entorno educativo, estar con esos niños y niñas, enseñarles, ayudarles, servir de refuerzo… ¿El puesto? ¡Qué mas da, ahí dentro todos aportan, TODOS!

Sentir que a lo que me dedico, mi esfuerzo y mi trabajo,
de una vez por todas y de verdad,
merecen la pena.

Pues eso, que no sólo quiero que haya #VueltaAlCole,
también deseo #MiVueltaAlCole.

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